Por Pedro Simpson.-
¿Cómo escribir sobre algo que esperaste casi la mitad de tu vida? En teoría debería ser más fácil; si lo esperaste tanto uno supondría que tuviste tiempo de sobra para pensar. Pero a la vez las emociones son más intensas que nunca: todo parece poco, todo se siente pequeño al lado de la supernova que se genera en el interior de uno.

Si hay algo que sabemos todos los fans de Oasis es que, a pesar de la tristeza que sentimos hace poco más de 16 años aquel 28 de agosto de 2009, es que todos estábamos SEGUROS que se iban a volver a juntar. No sabíamos cuándo, pero sí sabíamos que iba a pasar. Porque son hermanos, y dada la naturaleza misma de ese vínculo filial sumado a las personalidades absolutamente avasallantes de ambos, era cuestión de estar listos para cuando eso suceda. Ergo, todos los mads teníamos un “Plan de Contingencia por si Vuelve Oasis”. La ejecución en masa de esos millones de Planes de Contingencia alrededor del mundo se activaron hace un año, se están llevando a cabo desde hace poco más de un mes y se llaman Live ‘25.

Nuestro Masterplan nos llevó a Dublín para el último show del tramo británico de la gira. Imposible conseguir alojamiento en una capital copada por fans de todo el mundo, así que nos instalamos en Londres para ir y volver en avión el mismo día, aprovechando de paso para recorrer la ciudad que tanta música y estilo nos regaló. Eso nos permitió ver en primera persona la oasismanía que se vive en las islas: no solo Dublín estaba tomada por personas de todas las edades con sus parkas y pilusos; Londres aún vibraba al ritmo de los himnos que los Gallagher habían regalado a su público la semana anterior en Wembley, con cientos de personas vistiendo el merchandising oficial por las calles, parkas y pilusos de todas las edades y un pop up store en Carnaby Street que para esa fecha aún estaba activo y abarrotado.
Ya en Dublín el soleado mediodía del 17 de agosto, nos dirigimos hacia el imponente estadio Croke Park, que sobresale entre las casas y se eleva hacia el cielo en el coqueto barrio de Drumcondra. La previa fue muy animada, con los (muchos) pubs de la zona abarrotados de fanáticos y bandas tributo que preparaban el terreno para una tarde espectacular. A las 17 se abrieron las puertas y a las 18 ya estaba Cast sobre el escenario, brindando un show correctísimo y para nada falto de nostalgia, con todos los hits de su disco All Change. La inclusión de Cast en la grilla de soportes de esta gira fue no solo un regalo para los fans +40 que vivieron en carne propia los albores del Britpop, sino además y sobre todo una oportunidad quizás única para los más jóvenes, de ver una de las bandas insignia de ese movimiento y en una grandísima versión.

A las 19 llegó el turno de Richard Ashcroft, quien definitivamente es uno de los tipos más queridos del rock británico, tanto allá como acá. Días antes había dejado entrever el exlíder de The Verve que iba a ser parte de la gira en el tramo sudamericano y específicamente haciendo menciones a su amada Argentina, por lo que para nosotros también por él era un show más que especial. Recordemos que este tipo vino a un festival en 2016 y al ver que el venue del mismo tenía campo vip le prometió a sus fans que iba a volver con un show de entradas baratas y sin esa división, cumpliendo su promesa poco más de un año después. El show de Richard fue épico, con obvia mayoría de himnos (urbanos) de The Verve en la grilla y un cierre absolutamente épico con Bittersweet Symphony, la canción más magnánima del britpop no compuesta por Noel Gallagher.
Apenas pasadas las 20, cuando todavía el sol no se había escondido en tierras gaélicas, llegó el momento que todos estábamos esperando: al ritmo de Fuckin’ in the Bushes, de las inmensas pantallas que ocupaban todo el escenario a lo largo y a lo ancho comenzaron a emerger imágenes de la banda sumados a posteos, tuits y fotos de fans que clamaban por el regreso de Oasis a lo largo de todos estos años, con un mensaje gigante en imprenta mayúscula: THIS IS NOT A DRILL. Y no señores, no es ningún simulacro. Es real. ESTÁ PASANDO. Estaba pasando frente a nuestros incrédulos ojos. Los de los que nunca los habían visto, los de los que estábamos viéndolos en esta gira de reunión por primera vez, los de los que ya acumulan más de un show de esta gira y los que los vieron desde los tiempos del King Tut’s. También ante los ojos de mamá Peggy, mancuniana de sangre irlandesa. Y ante los ojos de Bono y su hijo Elijah, hoy convertido en estrella de rock como su padre y que pidió la entrada para el show como regalo de cumpleaños. Y qué mejor regalo podía recibir Elijah y la comunidad rockera en general que ver subir a un escenario a Liam y Noel Gallagher juntos, de la mano, saludando a los presentes. Liam se acerca al micrófono y grita “Oasis vibes in the area! Dublin vibes in the area!”. Y, como no podía ser de otra manera, el inicio fue con HELLO.
It’s good to be back, it’s good to be back!


Si algún ser almaportante quedaba sin llorar hasta ese momento, lo hizo en el inmediato con Acquiesce. Años atrás, cuando Liam consolidaba su carrera solista, le preguntó a los fans en Twitter qué canciones de Oasis esperaban escuchar en sus shows. La más pedida había sido esta en cuestión, a lo que el menor de los Gallagher contestó de manera tan tajante como sincera: “No puedo hacerla sin RKID”. Si bien en los últimos años la venía haciendo, nunca cantó ni dejó que nadie cantara el estribillo del tema, dejando a sus fans que hicieran la parte. Así es que la inclusión de este tema y en el segundo lugar de la lista es la mejor forma de sintetizar el amor y la sinergia que siempre hubo y siempre habrá entre Oasis, sus integrantes y su público. ‘Cause we need each other!

Necesitábamos un tiempito para despertarnos y eso llegó con Morning Glory. Sin ánimos de chauvinismo, el ser argentinos en un recital de una banda como Oasis en un país europeo te da cierta chapa de “argentinabestcrowdoftheworld”. Y estando en un país con mucho agite pero distinto al nuestro, nuestra forma de poguear y corear los riffs de guitarra llamó la atención de los irlandeses que nos rodeaban. ¿Resultado? Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos rodeados de nuevos amigos que comenzaron a cantar y agitar a nuestra manera. Una suerte de embajada argentina del rocanrol, y una demostración más de que para ser argentino solo hace falta querer serlo. Encima, a Morning Glory le siguió Some Might Say, quizás la canción más rolinga de Oasis.

Inmediatamente después de este momento de agite argento, pareció que la banda hubiese querido contestarnos con agite mancuniano. Porque Liam nos instó a todos a que hagamos el Poznan porque era el momento de Cigarettes and Alcohol. Y ahí fuimos nosotros los maravillados: era nuestro turno de participar de eso que vimos tantas veces por la tele en shows y partidos. Todos de espalda al escenario, abrazados como Los Cebollitas, saltando al ritmo de uno de los riffs más icónicos de la historia mientras se nos erizaba la piel. Y como si de una recreación de un single difusión noventero se tratara, luego de semejante supermegahit vino el primer B-side de la noche; nada más ni nada menos que la joyita de Fade Away, dedicado por Liam a toda la gente de Mayo, condado irlandés del que es oriunda mamá Peggy. Oasis es una de las pocas bandas en la historia cuyos lados B no son solo aclamados por los fans, sino que en muchos (muuuchos) casos son tan hitazos como los cortes de difusión. En este caso se trató de una joyita para fans acérrimos, pero aún no llegamos a la mitad de la lista y hay tiempo para mucho más.
Octavo tema de la lista y es el turno de Supersonic. Una de las canciones que más identifica a la banda, cuyo título fue utilizado para dar nombre también al documental (y posterior libro) de la banda, y en cuya letra se evidencia el amor de los Gallagher por The Beatles… y por el gin tonic. Antes de tocar Roll with It, Liam dijo “Aparentemente estuve bardeando mucho, mucho, metiéndome en problemas por tener una fuckin’ opinion!” en referencia a las advertencias de que no hable en los siguientes shows de Estados Unidos para no hacer enojar a Trump.

Lo que sucedió en este momento fue épico. Se apagan las luces del escenario. Liam se va hacia el backstage. El estadio entero comienza a corear. “Olé, olé olé olé… Noel, Noel…” Se enciende la luz central. Noel Gallagher frente al micrófono. Talk Tonight, y ochenta mil celulares en el aire destellando luces como si fuera una pequeña galaxia.

Ahora sí, estamos a mitad de show. Noel pregunta: “¿Alguien de Manchester?”. La gente abuchea, y un sorprendido Noel les recrimina: “Excuse me? EXCUSE ME? Booing for the people in Manchester? Oh no, no, no, no, that won’t do! Be nice!”. Fue realmente un momento muy divertido, que precedió a una de las canciones que más veníamos a escuchar. Mientras Noel dedica la canción a la familia Royle, “la verdadera familia real”, en clara burla hacia los de Windsor, y el sol terminaba de ocultarse, la banda comienza a tocar los acordes de la canción que nos identifica a los que pausamos nuestras vidas para ir del otro lado del mundo a presenciar ese momento. En la previa y en el show vimos banderas de Argentina, Ecuador, Colombia, Brasil. Cientos de latinoamericanos que, aún sintiendo las señales de alerta dando vueltas en nuestras cabezas, allá fuimos… Half the World Away. Nos perdimos, nos encontramos, pero no nos sentimos mal.
El final del triplete de Noel es con Little by Little, quizá el último superhit de la banda. Si bien es un tema más baladístico, la intensidad del público para corear el estribillo es comparable con un Supersonic o un “cigs and alc”. De los estribillos más gritados de la noche sin ningún tipo de dudas.

El escenario aún a oscuras. Vuelve Liam al micrófono, comienza D’You Know What I Mean? Una de las canciones con más AURA de la banda. Los lagrimeos volvieron rápidamente con Stand by Me, dedicado a Peggy Gallagher. Ya de por sí el riff del inicio te cala los huesos, el estribillo te desarma desde el “What’s the matter with you? Sing me something new”. Encima el contexto y las visuales, que mostraban distintas fotos familiares, polaroids, retratos y paisajes vacacionales y de suburbios victorianos, todo bajo una estela anaranjada que fue tornando a violácea en una sincronización perfecta con el ocaso… Bomba emocional total. Encima sigue Cast No Shadow, canción que, si bien no lo dijeron al micrófono en esta ocasión, sabemos que fue compuesta en honor a Richard Ashcroft y siempre está dedicada hacia él. Me imagino qué habrá pasado por la mente del buen Ricardo cada vez que escuchó esta canción desde el costado del escenario en cada uno de los shows que le tocó telonear en esta gira. Todos los años vividos junto a los hermanos, cómo estuvieron siempre para él en las buenas y en las malas. Una relación de hermandad hermosa de la que fuimos testigos presenciales esta noche. Y las emociones no iban a parar ni mucho menos, ya que las próximas canciones serían Slide Away y Whatever, dos de nuestras favoritas. Obviamente nos lloramos la vida mientras alzábamos la bandera argentina subidos a hombros. Acá nos dimos cuenta de que era cierto. Estábamos viendo a Oasis. Acá nos empezó a caer la ficha. Este momento fue definitivamente uno de los que veníamos a vivir. Y lo vivimos a pleno.

¿Qué es lo que pasa cuando te cae la ficha de que después de 16 años, de viajar por todo el país y el mundo viendo a Liam solista, a Noel con los High Flying Birds, de escuchar y atesorar discos y singles, de tatuarse frases, de hacer amigos tan fanáticos como uno… estás frente a Oasis? Pasa que Oasis toca Live Forever y Rock and Roll Star y se van al backstage para prepararse para los bises. El mic drop definitivo.

Pasan unos pocos minutos y la banda regresa para el tramo final. Noel presenta a la banda uno por uno, con una merecidísima ovación para Bonehead. Y como si fuera un homenaje para todos nosotros y nuestros miles de Planes de Contingencia, arranca con The Masterplan. Este iba a ser el último momento de paz del show, porque la tríada del final es simplemente épica, inabarcable para cualquier corazón que lata con sangre caliente en las venas: Don’t Look Back in Anger, Wonderwall y Champagne Supernova. El porqué de que Oasis es una de las bandas más grandes de la historia se puede explicar tranquilamente en estas tres canciones. Y en las 80 mil personas coreándolas a grito pelado, más 10 mil personas que no consiguieron entradas pero se agolparon en la puerta del estadio para escuchar el show, tal como pasó en los shows de Manchester y la ya histórica Gallagher Hill.

El recital termina con el show de fuegos artificiales más impresionante que hayamos visto. Pero les podemos asegurar que nuestros corazones ardían aún más. El sueño de toda una vida se había cumplido. Pusimos nuestros corazones en manos de una banda de rock and roll. Pero no de cualquier banda de rock and roll, sino de esa que sea la única que nos salve.
Y después de todo… es Oasis.


