Por Florencia González-.
La última edición de la Met Gala propuso pensar la moda como arte, pero en su interpretación dejó en evidencia una tensión histórica: ¿la moda puede sostenerse como lenguaje artístico propio o todavía necesita validarse a través de otras disciplinas?
Como cada primer lunes de mayo, se llevó a cabo la Met Gala, uno de los eventos más importantes del mundo de la moda. Con el objetivo de recaudar fondos para el Costume Institute, cada año se reúnen celebridades y personas influyentes del de la moda, el cine y la música para celebrar a una industria que aún sigue reclamando su lugar en el arte.

El escenario es el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. En sus escaleras, las celebrities muestran sus looks, creaciones realizadas por diseñadores de renombre, con el objetivo de cumplir la temática de cada año. En 2026, el tema era “Fashion is art”, por lo que el objetivo era lucir el cuerpo como un lienzo en donde se pudiera trabajar para crear esculturas textiles. En este contexto, se esperaban referencias historicas – al arte clásico y contemporáneo – pero también diseños que fueran un universo propio.
La consigna para este año fue ambiciosa: pensar a la moda como arte. Sin embargo, lo que se vio en la alfombra roja deja abierta una pregunta que aún cuesta responder. ¿La moda es arte o todavía necesita validarse como tal?.

El arte es una forma de expresión que se representa a través de diversas disciplinas artísticas como lo son la literatura, la pintura, la escultura, la música y el cine. El objetivo es lograr un universo en el que se manifiesten las distintas visiones que cada artista puede tener del mundo: mostrar emociones, ideas o representaciones del lugar que habitamos en la sociedad.
El arte es un lenguaje, porque a través de él se comunica y cumple un rol fundamental en la vida de las personas: es una construcción simbólica que permite edificar un mundo de pensamientos que se traducen en la relación que hay entre la mente y las emociones del ser humano y la vida social y política en la que vivimos a diario.
Durante mucho tiempo, la moda quedó fuera de esta categoría porque se la relaciona a industria y consumo y esa superficialidad a la que se la asocia, hace que pierda el valor real que hay detrás de un diseño.
Pero la moda no es sólo una industria que sigue la rueda del mundo capitalista que habitamos. Lejos de la banalidad a la que muchas veces se la asocia, detrás de ella se abre un mundo de posibilidades: sensaciones, sentimientos, ideas, protestas y contextos que los diseñadores y directores creativos plasman en telas, costuras, bordados y estructuras que dialogan a la perfección con el mundo que habitamos y nos ubican en el momento histórico que atravesamos.

Detrás de una prenda se esconde todo un proceso creativo que incluye una construcción conceptual y un trabajo artesanal minucioso y detallado que perfectamente encaja con una forma de arte. Además, la anatomía y la relación entre las telas y el cuerpo juegan un rol central en la construcción del arte textil. La increíble posibilidad que tiene un vestido, un abrigo, una falda, un par de jeans (etc) de comunicar y dar contexto, refuerzan la idea de la moda como arte. Si el arte es una necesidad humana que nos permite expresar, ¿diseñar, coser, bordar, cómo no lo van a ser? ¿Es posible no considerar arte a un mundo imaginado por una mente creativa que decide plasmarlo en telas, textiles y materiales?. Es así como sostenemos la idea de que diseñar es más que crear ropa, sino que es una manera de habitar el cuerpo, construir lenguaje y comunicar una idea.

A lo largo de la historia de la moda, muchos diseñadores han podido traducir sus universos y dejar impactado al público con sus trabajos. Algunos ejemplos pueden ser Alexander McQueen, John Galliano, Rei Kawakubo o Yohji Yamamoto. Se podrían mencionar muchos más, pero lo que aquí cabe destacar es cómo ellos han logrado no sólo crear piezas, sino desafiar a la industria del consumo y ver más allá: crear desfiles como performances, prendas como esculturas y universos conceptuales. Sus colecciones eran arte, no lo citaban.
Y acá es cuando nos preguntamos ¿qué pasó en la Met Gala? Bajo el dress-code “Fashion is Art”, muchos prefirieron ir a lo seguro: representar al arte. Y el resultado fueron vestidos que citaban pinturas, siluetas que imitaban esculturas o referencias literales. Emma Chamberlain y Charli XCX inspiradas en Van Gogh, Heidi Klum representando una escultura de Raffaele Monti, Kendall Jenner luciendo un vestido de Gap Studio que tomó como referencia “La Victoria Alada de Samotracia”, Sabrina Carpenter con un Dior hecho de cintas de la película de su mismo nombre, protagonizada por Audrey Hepburn. Madonna recreó “La tentación de San Antonio” de Leonora Carrington y Gracie Abrams y Hunter Schafer decidieron imitar pinturas – “Portrait of Adele Bloche-Bauer” y “Mada Primavesi”, respectivamente -.


En esta Met Gala se confundió algo clave: no es lo mismo inspirarse en el arte que hacer arte desde la moda porque cuando la moda copia al arte, el protagonismo pasa a ser de la referencia y las prendas sólo se reducen a ser un soporte. En cambio, cuando un diseño es arte, no necesita explicación, ni traducción ni otra disciplina que lo valide. Entonces, en la gala pareció que algo quedó a medio camino, mostrando que quizás la moda necesita del arte para parecerlo.


En lugar de construir arte desde la moda, muchos looks optaron por representarlo: vestidos que replican pinturas, referencias directas y estéticas reconocibles.
En esta edición de la Met Gala, la moda quedó en segundo plano: se vieron prendas interpretando obras de arte y eso aún genera ruido y no la posiciona en el lugar que se merece.

Entonces, ¿por qué cuesta tanto considerar a la moda como arte? El consumo, las tendencias que van y vienen, los prejuicios culturales que hay sobre esta forma de expresión y su constante necesidad de validación externa la siguen dejando apartada del concepto de lenguaje universal. Quizás todavía muchos no están listos para esta conversación, pero aunque cueste abrir los ojos, la moda es un fenómeno social que influye en el mundo que vivimos.

