Muchas veces los artistas crean canciones exitosas, pero hay algunos que trascienden eso y logran crear un universo artístico que va más allá de una canción.

El escritor Luis Boullosa, en su libro 10 maneras de amar a Lana del Rey, plantea una diferencia entre una canción pop y una CANCIÓN POP. Una canción pop puede ser pegadiza, sonar en la radio o acumular millones de reproducciones. Una CANCIÓN POP hace algo más: crea un universo propio y termina formando parte de nuestra manera de mirar el mundo y esa puede ser una de las mejores formas de entender la obra de Lana del Rey.
Hablar de ella es hablar de una artista que construyó uno de los imaginarios más influyentes de la cultura pop de los últimos quince años.

Cuando apareció con Born to Die en 2012, su propuesta parecía una contradicción constante. Era retro y contemporánea, mainstream y alternativa, artificial y profundamente emocional. Ese fue su gran diferencial.

En sus canciones conviven concursos de belleza, moteles de ruta, Hollywood, camionetas vintage, celebridades, romances imposibles y el sueño americano. Así logra crear toda una escena que nos resulta familiar pero al mismo tiempo algo lejana y de esta manera Lana del Rey convirtió la nostalgia en estética.

Su obra toma imágenes del pasado y las reinterpreta desde el presente, construyendo una fantasía al rededor de los años ’50 y ’60 donde lo retro convive con la cultura digital.

Por eso, en su universo, la retromanía dialoga con la hipertecnología y los grandes símbolos estadounidenses aparecen filtrados por internet, las redes sociales, la cultura de las celebridades y el consumo actual.
Algo muy interesante de su obra es que en las canciones de Lana del Rey conviven dos fuerzas aparentemente opuestas: el romanticismo y el capitalismo. Ella busca un amor absoluto en un mundo atravesado por el espectáculo, la fama, el consumo y el deseo constante de ser visto.

Sus letras hablan de vulnerabilidad, ambición, fracaso, belleza y desencanto, pero nunca desde la distancia, convirtiendo esas emociones en escenarios donde quienes la escuchan pueden reconocerse. Por eso su influencia excede ampliamente la música.
Su imaginario atravesó Tumblr, la fotografía digital, la moda, el maquillaje y buena parte de las estéticas que dominaron internet durante la década de 2010. Muchas de las tendencias visuales que hoy circulan por TikTok o Pinterest todavía dialogan con ideas que ella ayudó a instalar: la melancolía romántica, el glamour y la nostalgia como forma de identidad.

Boullosa escribe que el arte no necesariamente busca la belleza sino la verdad, y que esa verdad no es una respuesta definitiva sino una búsqueda permanente. Tal vez ahí se encuentre una de las claves para entender a Lana del Rey.
«Sus canciones nunca fueron simples píldoras para el olvido», asegura el autor del libro. En ellas conviven la fantasía, la contradicción y la búsqueda de identidad. Por eso Lana del Rey no hace canciones pop. Hace CANCIONES POP.

Más de una década después de Born to Die, su influencia sigue apareciendo en artistas, diseñadores, fotógrafos y directoras creativas que continúan explorando la nostalgia, la feminidad, el deseo y la identidad desde nuevos lenguajes.
Muchas estrellas pop hacen canciones que se escuchan un verano, pero las CANCIONES POP de Lana del Rey lograron cambiar la cultura y proponer una nueva mirada en la industria musical.






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