Antes de escribir muchas de sus canciones, Jarvis Cocker ya había imaginado cómo debía verse Pulp. Incluso realizó una serie de dibujos titulados Moda Pulp, donde definía los looks que quería que llevaran.

«No se trataba de vestirse para impresionar, sino de vestirse para incomodar», escribió en su libro «Pop Bueno, Pop Malo». Esa frase resume gran parte de la identidad visual que terminó convirtiéndose en una de las más reconocibles del britpop.

El guardarropa de Pulp estaba formado por suéteres baratos de poliéster, corbatas anticuadas, pantalones ajustados, abrigos oscuros, botas puntiagudas, camisas simples y lentes de salud pública convertidos en lentes de estrella pop.

Jarvis entendió desde muy chico que la ropa podía ser una declaración de principios, incluso cuando provenía de una tienda de caridad o parecía completamente pasada de moda. Su descubrimiento de las tiendas de segunda mano coincidió con otro descubrimiento fundamental: el punk. «No tenía una banda, pero al menos sabía cómo se vería esa banda cuando la tuviera. La ropa puso a rodar la pelota», cuenta.
La estética apareció incluso antes que la música porque vestirse fue su primera forma de pertenecer a un movimiento cultural.

Pulp nació entre ropa de tiendas de caridad, televisión basura, uniformes escolares, cultura pop y la vida cotidiana de la clase trabajadora británica. Esa mezcla terminó definiendo toda la sensibilidad de Jarvis Cocker como compositor.
Mientras otras bandas buscaban verse extraordinarias, Pulp hacía exactamente lo contrario. Los lentes gratuitos del sistema de salud británico se transformaban en lentes de estrella de rock y la vergüenza se convertía en estilo. Por eso, Pulp lograba que lo cotidiano se volviera arte.

Detrás de esa elección estética aparecía una de las grandes obsesiones de Jarvis: la clase social. En sus diarios analiza sweaters, pantalones, peinados y zapatos como si fueran documentos culturales. Los Birmingham bags, los sweaters con estrellas, los zapatos o el uniforme escolar británico que usaba hablaban de pertenencia, aspiración e identidad.
«Desde el comienzo no vi la música sólo como una forma de entretenimiento: podía ser también una forma de cambiar el mundo», nos cuenta Jarvis en su libro.
Su objetivo era utilizar el éxito popular como un verdadero caballo de Troya: entrar al mainstream para hablar sobre deseo, consumo, vergüenza, sexualidad, alienación y diferencias de clase.
Pulp construyó personajes que parecían personas comunes… que eran raros, inseguros, obsesivos, aspiracionales y profundamente humanos. Así, la banda encontró belleza en aquello que normalmente pasaba desapercibido.
La banda oriunda de Sheffield entendió algo que hoy sigue siendo central para la cultura contemporánea y es que la moda es una forma de expresar quiénes somos, de señalar de dónde venimos y, muchas veces, de imaginar quiénes queremos ser.
Por eso una de sus canciones más memorables, Common People, continúa funcionando décadas después. En ella habla de una tensión que sigue vigente como la romantización de la clase trabajadora por parte de quienes nunca tuvieron que vivirla.

Jarvis escribe sobre consumo, deseo, aspiración y desigualdad usando camisas arrugadas, sweaters baratos y canciones pop y esa combinación terminó construyendo uno de los universos culturales más originales de la música británica.






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