Categorías
MODA tendencias

¿Por qué fumar volvió a verse cool?: el regreso estético del cigarrillo

Por Florencia González.

Fumar es perjudicial para la salud.

Durante años, el cigarrillo desapareció de la cultura pop y fue reemplazado por el clean girl aesthetic, la obsesión wellness y las rutinas perfectas. Ahora, algo cambió. 

Durante la década pasada, el cigarrillo desapareció de la cultura pop. Las celebrities y las influencers no se mostraban consumiéndolos y predominó una tendencia en la que el cuidado de la salud se volvió fundamental: videos sobre rutinas de skin-care, recetas saludables, clases de yoga y meditaciones colmaron las redes sociales. Esto hizo que el cigarrillo perdiera fuerza como símbolo cultural; pero ahora reaparece y no de la nada, sino que hay muchas causas que llevaron a su resurgimiento como sinónimo de lo cool

El cigarrillo vuelve primero como imagen. Alrededor de él se está construyendo un imaginario en el que para ser cool, debes consumirlo. Pero la pregunta es ¿por qué vuelve? Después de años de campañas de concientización que lograron disminuir el consumo, distintos estudios advierten que, tras la pandemia, esta tendencia comenzó a crecer nuevamente. Y hay muchas razones que lo explican: la soledad, la ansiedad social, el regreso del “heroin chic”, la obsesión por los cuerpos delgados, Ozempic, la vuelta del Y2K e incluso el retorno de los skinny jeans

Las redes sociales bombardearon a las personas con estéticas cuidadas, donde dominaban las clases de yoga y pilates, los jugos verdes, los cinco días en el gimnasio, el running y pieles perfectas. Y como es sabido, de toda tendencia nace su contra-tendencia. El resurgimiento de estéticas desalineadas, desprolijas y hasta autodestructivas, reflejan el agotamiento social a la presión por cumplir con estándares imposibles en un momento donde las crisis sociales, económicas y políticas son alarmantes. Ahora, las rutinas matinales de leche con avocado toast cambiaron por el café con el cigarrillo y la obsesión por la productividad estética terminó generando una reacción opuesta: el regreso de la imperfección, el desorden y el hedonismo. 

Anya Taylor-Joy toma un café en la vereda mientras fuma un cigarrillo. Alexa Chung y Marc Jacobs posan fumando. En la semana de la moda de Nueva York, marcas como Christian Cowan subieron a la pasarela a una modelo fumando, al estilo Kate Moss para Louis Vuitton en la temporada 2011-2012 en París y LaQuan Smith los usó como accesorio para las modelos que lucían trajes ajustados. Lady Gaga fuma mientras toca el piano y canta en el videoclip de “Die With A Smile” junto a Bruno Mars. Addison Rae no fuma uno, sino dos cigarrillos juntos en el clip de su canción “Aquamarine”… y Charli XCX redobló la apuesta con su nuevo lanzamiento “Rock Music” donde se la ve fumando un ramillete de cigarrillos. 

En Instagram, la cuenta cigfluencers tiene 100 mil seguidores y reúne fotos de “gente guapa fumando que mantiene el arte de ser cool”: incluso aparece Hailey Bieber posando con un cigarrillo para Interview Magazine, luego de haber sido una de las impulsoras del clean look de los últimos años. 

En los últimos años, celebrities, campañas, desfiles y redes sociales volvieron a convertir al cigarrillo en un símbolo estético. Las imágenes que circulan de gente fumando cada vez son más notables y las redes sociales bombardean constantemente con estas fotos y videos. Charli XCX quizás es una de las referentes de este revival del cigarrillo. Junto con Brat, se obsesionó con el paquete de cigarrillos y el encendedor Bic y no tuvo ningún pudor en mostrarse en miles de ocasiones consumiendo. Incluso, se volvió muy viral el regalo que le hizo Rosalía a la cantante británica: un ramo que en vez de flores, tenía cigarrillos. El furor de Brat no sólo impulsó una nueva estética sino una manera distinta de vivir la vida: junto con esa explosión de hiper-pop llegó el regreso del indie sleaze, la obsesión por los cuerpos delgados – y el aumento en el consumo de Ozempic – y el cansancio de la idea de una “vida perfecta” que no sólo dominó el imaginario visual sino que produjo niveles de ansiedad que se potenciaron luego de la pandemia. 

En un artículo de la BBC, la periodista Olivia Petter afirma que el cigarrillo se ha convertido en un símbolo que representa nuestra nostalgia por una época pasada de despreocupación, frivolidad y hedonismo, y que está resurgiendo en la cultura pop. Además, en la nota comentan que, Según Truth Initiative , una organización sanitaria sin ánimo de lucro que lucha contra el tabaquismo, “nueve de las diez películas nominadas al máximo galardón de los Óscar a principios del año pasado incluían escenas de fumadores, cifra superior a las siete del año anterior”

Durante los años ‘90 y ‘00, el cigarrillo como complemento estético era clave en el estilo “heroin chic”, abanderado por la supermodelo Kate Moss. El look total denim con camiseta blanca y un cigarrillo en la boca formaban parte del imaginario de una industria que nunca pudo dejarlo de lado. 

En un artículo publicado por la revista i-D tratan la relación entre fumar y la rebeldía femenina ya que hace más de un siglo, mujeres fumando en público generaban revuelos. “En 1901, un artículo del New York Times afirmaba que las mujeres fumadoras se estaban convirtiendo en una amenaza para el país. Encender un cigarrillo demostraba que no se estaba dispuesta a seguir las reglas de los demás, un mensaje que la industria tabacalera supo aprovechar de inmediato”. Pero sin dudas el regreso del heroin chic viene acompañado del revival del indie sleaze y las messy girls, una estética que predominó a mediados de la década pasada, caracterizada por un estilo desaliñado que incluía maquillaje corrido, medias rotas, pelo despeinado, fiestas y fotos con flash. 

En épocas donde Internet es parte fundamental de la vida cotidiana, el scrolleo constante y la ansiedad generalizada produjeron un desgaste. La búsqueda insaciable por una vida lujosa y glamourosa que exige sumas exorbitantes de dinero para poder pagar decenas de cremas, alimentos de calidad, personal trainer y ropa de diseñador lograron que ese contenido aspiracional desemboque en un cansancio: el caos emocional propio de un mundo que exige mucho más de lo que está al alcance de la realidad de la mayoría de las personas. 

La nostalgia por el regreso de las estéticas anteriormente mencionadas, también viene de la mano de un problema muy actual: el consumo de Ozempic. Durante algunos años, la industria de la moda intentó abrir sus puertas a las diversidades corporales pero, sinceramente, nunca se sintió muy real. Y eso se ve en las pasarelas recientes, donde los cuerpos hiper-delgados volvieron a aparecer como principal sinónimos de belleza. 

El consumo de esta medicación se hizo muy popular entre las celebridades y se puede notar a la perfección en figuras como las Kardashian, quienes durante los años 2010 pregonaron cuerpos con curvas y actualmente se las puede ver mucho más delgadas.  

Bryan Davis, fundador de Teddy Stratford, una empresa con sede en la ciudad de Nueva York que fabrica camisas de vestir y casuales entalladas para hombres, aseguró al medio CBS News que “en los últimos meses, un número suficiente de sus clientes habituales comenzaron repentinamente a pedir camisas dos tallas más pequeñas de lo normal”. Por su parte, la empresa Impact Analytics estudió patrones de ventas en tiendas del Upper West Side de Manhattan (zona que se identificó como el centro de consumo de Ozempic) y los resultados acentúan el impacto del medicamento en los cuerpos: “en comparación con 2022, las ventas de camisas de mujer con botones en tallas XXS, XS y S aumentaron un 12 % en 2024, mientras que las ventas de camisas en tallas XXL, XL y L disminuyeron un 11 %. 

Es sabido que el cigarrillo cumple un rol insalubre en un proceso de adelgazamiento no seguido ni tratado por médicos especialistas, ya que se puede sentir como un alivio a situaciones de estrés e incluso quitar el apetito. En Argentina, el segundo país con más problemas de TCA a nivel mundial, se nota cómo los jóvenes aprovechan sus noches de ocio para fumar, aunque, por el momento, la mayoría asegura que lo consume de manera social. 

¿Por qué el cigarrillo sigue funcionando como símbolo? 

Estéticamente transmite una sensación de imperfección y en editoriales de moda o producciones cinematográficas funciona porque transmite emociones: descuido, nervios o rebeldía. Además, es considerado funcional para mantener las manos ocupadas y generar mayor desenvolvimiento en la construcción del personaje.

Una de las particularidades de los cigarrillos es que se asocian a momentos y la industria siempre los usó como símbolo visual de sofisticación, rebeldía, sensualidad y distanciamiento, aseguran en un artículo de la revista Roe Magazine. 

Como sociedad, nunca pudimos dejar de ver al cigarrillo como sinónimo de algo cool y sexy: James Dean, Mia Wallace, el Marlboro Man, Bruce Willis, Sharon Stone o Christy Turlington nos crearon una imagen visual glamorosa alrededor de él.  Al día de hoy, el cigarrillo vende una fantasía emocional. 

Entonces, vuelve a tomar relevancia porque funciona como símbolo cultural. Hasta hace poco, la tendencia era encajar y ahora es destacar. Y para lograrlo, los jóvenes buscan esos símbolos que durante años fueron glorificados como sinónimo de lo cool. 

En un mundo donde la gente cree que “todo está roto igual” – lo cual los lleva a buscar el placer inmediato – el cigarrillo crea una ilusión: la de la libertad. Quizás el regreso del cigarrillo no habla solamente del tabaco, sino del agotamiento frente a una cultura obsesionada con la perfección, el rendimiento y la optimización constante. 

Deja un comentario