Por Florencia González
Durante décadas, las tendencias han sido expresiones creativas que reflejan a la sociedad y nos marcan el pulso que se está viviendo en un determinado periodo: son procesos cíclicos que nacen, mueren y vuelven a renacer. Y justamente en el proceso deambulan por distintos sectores, apareciendo en la calle, las pasarelas, las vidrieras y, ahora también, en las redes sociales. Una de las características principales de las tendencias es su diálogo con el pasado y con el futuro, repitiendo formas pero adaptándolas al contexto social que se vive.



Cuando hablamos de tendencias, nos referimos a la repetición de un patrón: puede ser una prenda, un color o una textura que van tomando cierta relevancia y la gente comienza a usar en masa. Por esto, se puede decir que las tendencias son un diálogo entre las personas y las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales.


Lo más valioso que tiene la moda es que funciona como expresión de identidad y de pertenencia, por lo que es fundamental utilizarla como herramienta para manifestar las emociones, sentimientos, creencias o ideologías. De ahí surge la teoría conocida como Bubble Up que se popularizó a mediados del siglo XX. Esta teoría sostiene que las tendencias surgen de la calle y de las personas que están por fuera de la élite dominante, que encontraron en la ropa una forma de manifestación, logrando captar la esencia de cada periodo histórico. Esta concepción sobre las tendencias revolucionó la forma de entender a la moda y el consumo, porque implicó poner en evidencia que el lujo y el dinero no son imprescindibles para la libertad creativa y la expresión, contraponiéndose a la conocida Teoría del Goteo que sostenía que las clases altas crean estilos únicos para diferenciarse del resto.


Entonces… ¿la calle viste a la moda? Es evidente que muchas de las estéticas que son utilizadas por las grandes casas de moda surgieron de los jóvenes que entendieron a la ropa como su forma de existir en el mundo y como un puente para crear comunidad. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la juventud comenzó a crear subculturas que propusieron un uniforme que los identificaba y los unía: creaba lazos, conexiones e integración. Podemos mencionar algunos ejemplos: en los ‘60, los mods llamaron la atención con sus parkas y scooters y los hippies alzaron la bandera de la paz y el amor entre prendas coloridas y relajadas.. En los ‘70, los punks desafiaron el sistema con sus prendas intervenidas con tachas y alfileres de gancho.



En los ‘80, el hip-hop con sus pantalones amplios y remeras XL dominaron la escena. En los ‘90, el grunge se cuestionó al mundo entre jeans gastados y camisas leñadoras y, en contraposición, el britpop trajo la esperanza por un mundo mejor con las parkas, remeras polo y zapatillas. En los ‘00, el streetwear dominó la calle con remeras gráficas y pantalones cargo. Con la llegada de internet a las computadoras de cada casa, el inicio del milenio transformó todo.




Las grandes capitales de moda como Nueva York, Londres, Milán y París tuvieron la misión de amplificar e institucionalizar lo que surgía en la calle. De esta manera, se apropiaron de las manifestaciones sociales de las subculturas, dejando de lado la carga política y emocional de cada prenda, convirtiéndolas en objeto de deseo. Un claro ejemplo de esto fue la colección Grunge de Marc Jacobs, lanzada en 1992, inspirada en la escena musical de Seattle. Esta propuesta del diseñador estadounidense fue clave porque se animó a escuchar a la gente real pero la crítica lo destrozó, sosteniendo que una casa de la Séptima Avenida no podía lanzar ese tipo de prendas a precios irrisorios. La consecuencia fue su despido de Perry Ellis.



Con la llegada de Internet y la posibilidad de enterarnos de lo que pasa al otro lado del mundo en un solo clic, la moda logró democratizarse. Pero también encontró lugares de refugio para los jóvenes que necesitaban descubrir su lugar de pertenencia aunque quizás no fuera en la calle o en la plaza del barrio. Ahí aparecieron plataformas como los blogs donde los usuarios manifestaban sus gustos y creencias y creaban sus propias comunidades. Tumblr también fue el entorno digital que construyó todo un universo visual y que predominó durante los años 2010.

Las subculturas encontraron su propia forma de crear identidad y la música, el cine y la cultura pop se convirtieron en espacios capaces de producir y expandir imaginarios estéticos. Estas “industrias de lo cool” favorecieron el desarrollo de estéticas, traspasando su propio lenguaje. Por eso, cuando escuchamos una banda, su estilo puede convertirse en una estética de moda, una película puede construir una paleta de colores e instalar una silueta y un personaje puede hacer que cierta prenda se convierta en un infaltable. Bowie, Madonna, Sex Pistols, Kurt Cobain, The Beatles, Alexa Chung, Kate Moss, Clueless, Trainspotting, Stranger Things son claros ejemplos de cómo estas industrias nutren a la moda. Lo que consumimos y nos inspira es fundamental en la construcción del imaginario propio porque las tendencias circulan colectivamente, pero cada persona las interpreta desde su propio imaginario. De esta manera, se logra que una tendencia no determine quién sos sino que uno mismo pueda decidir qué hacer con ella.




En la actualidad, con plataformas como TikTok e Instagram, las tendencias que tardaban años en llegar a una pasarela se masifican en segundos, apareciendo en millones de pantallas. Eso ayudó, por supuesto, a democratizar la moda. Pero también hizo que las tendencias se esfumen muy rápido. Entonces, surge esa duda que aún es difícil de responder. ¿El algoritmo democratizó las tendencias o las hizo más homogéneas? La contracara de esto es que se perdió un poco (bastante) la autenticidad, provocando que las personas quieran cada semana tener una prenda nueva para estar “a la moda”. Y es así como se diluye el significado principal de la moda como construcción social que refleja el mundo que habitamos. Con nuestra ropa, ¿reflejamos el mundo que habitamos o reflejamos lo que el algoritmo nos muestra?


Las redes sociales muchas veces nos hacen descubrir estéticas de muchas partes del mundo que luego intentamos imitar. Pero… ¿y si miramos lo autóctono? Según la crítica y curadora Maria Luisa Frisa, las semanas de la moda son utilizadas para instalar una ciudad como marca y cita algunos ejemplos: Nueva York es vender; Londres, mostrar; Milán lo sexy; París, lo chic. La importancia de las fashion weeks es que permiten difundir la creatividad local, mostrando las tendencias propias de cada sector geográfico y descubriendo nuevos talentos que pueden exportarse. Además, son un motor súper importante para la vida económica y cultural de una ciudad.


Córdoba cuenta con su propia fashion week desde el año 2022 y el próximo año cumplirá 10 ediciones ininterrumpidas realizando desfiles que congregaron a diseñadores y diseñadoras, modelos, maquilladoras, peluqueras, estilistas, creadoras de contenido y público general. A través de la difusión de diseñadores emergentes y consagrados, Córdoba Fashion Week logró captar la esencia del centro del país y convertir a la ciudad en un espacio en el que la moda, las tendencias y el turismo fomentan la actividad económica de la ciudad.




A nivel cultural, el aporte es invaluable porque no sólo es una vidriera para mostrar ropa, sino que conecta a profesionales de la industria y ayuda a construir la estética propia de Córdoba. Las pasarelas de Córdoba Fashion Week hablan y las calles también. Las personas que se acercan a disfrutar de esta celebración de la moda apuestan por estéticas que combinan tendencias con identidad y prendas de diseñador con otras de segunda mano. De esta manera se construyó una estética cordobesa que combina lo experimental o rebelde con lo conservador. Estas son características propias que conversan con la historia de la ciudad: ciudad en la que convivió La Reforma Universitaria de 1918 o El Cordobazo con su origen colonial y clerical atravesado por fuertes tradiciones católicas.


A lo largo de las ediciones de Córdoba Fashion Week, la moda local encontró un refugio propio porque fue el lugar en el que logró democratizarse. Creó una comunidad donde se cruzan distintas miradas y estéticas: donde conviven el diseño artesanal con el diseño sustentable, historias de jóvenes diseñadores que empezaron su camino en estas pasarelas con las trayectorias de diseñadores reconocidos a nivel nacional e internacional.




¿Y si las tendencias también nacen en Córdoba? La identidad cordobesa que se ve reflejada en el humor pícaro, la tonada, el cuarteto y las calles que mezclan arquitectura colonial con edificaciones modernas, también se ve representada en la ropa que utilizamos. Durante las ediciones de Córdoba Fashion Week, las personas han podido expresar al máximo su potencial creativo: desde looks experimentales y de grandes proporciones que combinan texturas y apuestan por estilismos exuberantes hasta otras estéticas más minimalistas que conectan tendencias con sobriedad. Acá conviven las prendas rasgadas e intervenidas con conjuntos sastreros y vestidos sofisticados. Nuestra fashion week permite reflejar la estética cordobesa: en los estilismos se ve la esencia de los barrios y las calles que caminamos todos los días pero los looks se amplifican acorde al acontecimiento. Es por esto que tanto se celebra un espacio que permite la libre expresión y festeja la innovación.



Las tendencias son procesos culturales y Córdoba también produce cultura, por lo que puede producir tendencias. Entonces, no necesitamos esperar que Nueva York, Londres, París o Milán nos digan qué usar. Diseñadores, estudiantes, modelos, estilistas, fotógrafos, maquilladores, músicos, artistas, consumidores y hasta nuestros barrios y comunidades producen códigos que se hacen visibles y empiezan a circular en lugares como Córdoba Fashion Week. Entonces, ¿quién decide qué es tendencia? Antes de mirar las pasarelas extranjeras o los moodboards hechos con imágenes de Pinterest, la respuesta puede estar en observar, identificar y reconocer las estéticas propias que se manifiestan en las calles cordobesas.











Deja un comentario